Jesús María, Aguascalientes a 24 de mayo de 2019

Soy el P. Diego Humberto Velázquez Macías de la Diócesis de Aguascalientes, nací el 28 de octubre de 1989 en Loreto, Zacatecas; en el seno de una familia conservadora y amorosa, en un ambiente combinado de exigencia y obediencia. El segundo de tres hijos fruto del matrimonio de J. Jesús Velázquez Bernal y María Guadalupe Macías Gallegos.

Mi infancia fue alegre. En plena convivencia con mi hermano mayor Alejandro, con la cierta ausencia de mis padres por trabajo y con el tener que asumir responsabilidades de colaboración en casa, el estudio y el cuidado de mi hermana menor Wendy.

Ya en la adolescencia e inicio de la juventud, alejado de las cosas de Dios, al terminar mi formación preparatoria y tras iniciar tramites de admisión los estudios universitarios en medicina, por el deseo de servir a los demás, recibí el llamado de Dios de una manera poco convencional.

Como hasta hoy, los seminaristas tenían el hábito de visitar a los alumnos que cursan los últimos años de estudio en las preparatorias de la Diócesis, con su visita nos presentaban el Seminario como una opción de estudios. Cosa que en lo absoluto me interesó. Pero en las papeletas que debíamos llenar, por broma de unas compañeras, aparecieron los nombre de algunos de nosotros los miembros del grupo escolar; a lo cual no le tomamos importancia. Sin embargo, llegado el tiempo de Cuaresma los seminaristas volvieron trayendo consigo una invitación a vivir la Semana Santa en el Seminario y a participar en el preseminario. En el juego y la broma abandoné la carta entre los cuadernos. Pero llegado el momento de tramitar mi ingreso a la universidad revisaba mis libros y cuadernos para ordenar mi habitación, cuando di con la carta y por curiosidad la abrí y la leí. Ahí fue donde surgió la inquietud por conocer la vida del Seminario, pues me atrajo mucho el saber que vivían bajo disciplina y orden, algo a lo que yo estaba acostumbrado. Tras encontrar dificultades para ingresar a la universidad, por regularización de materias, y sabiendo que tendría algunos meses libres para ello, decidí aventurarme a conocer aquello que me inquietó. Y así ingresé al preseminario en medio de la extrañeza y escepticismo de mis padres. Ya en la experiencia que me imaginé maravillosa, sufrí la decepción de no encontrar el ambiente que esperaba y vino el desánimo; sin embargo, tras la primera confesión, las pláticas espirituales y el orgullo de terminar lo que había iniciado vino la sorpresa de Dios. Sentí que ese deseo de ayudar a los demás podría satisfacerlo en el Sacerdocio, al ya entenderlo como algo más sublime. Aun con resistencias, personales y de mis padres viví la experiencia del Curso Introductorio, dónde con mucho dolor y alegría afiancé mi decisión y así inició la aventura de la vocación.

Tras una larga y grata formación, fui ordenado Diácono el 06 de junio de 2015, presté mi servicio diaconal como Auxiliar de Disciplina en el Seminario Menor. Luego recibí la ordenación Sacerdotal el 05 de junio de 2016, enviado como Vicario Parroquial a la Parroquia de “Jesús Nazareno”, en la cabecera municipal de Jesús María, Ags.

Son tres años de ordenación sacerdotal vividos con alegría, entusiasmo, agradecimiento, compromiso, colaboración, pero también con algunas dificultades al inicio por la inexperiencia. Llegué a una comunidad parroquial con un Sr. Cura ausente por comisiones diocesanas y poco cercano, con dos compañeros vicarios, con cerca de 50, 000 habitantes; con la responsabilidad personal de grupos pastorales, siete comunidades, construcciones, vivir solo, etc. Algo un poco agobiante para ser la primera vez fuera del Seminario. El Sr. Cura sufrió un infarto del cual salió afortunadamente bien librado, lo que trajo un mes de intenso trabajo pastoral, bienvenida al nuevo Párroco y la historia cambió drásticamente para bien.

La relación con los vicarios siempre ha sido excelente, por ser cercanos en ordenación, y con el Sr. Cura José de Jesús Flores de Loera la cercanía, confianza y acompañamiento se fue fraguando. He aprendido mucho de él y le estoy agradecido. Ahora la comunidad que dejo para asumir la encomienda de mi Obispo, es una comunidad más pequeña porque se promovieron y erigieron nuevas parroquias, sigo asumiendo siete comunidades, Formación de Agentes, Pastoral Litúrgica y algunos Grupos y Movimientos. En el Decanato he sido Secretario dos años. En la Diócesis me pidieron asesorar al Grupo Courage Diocesano. Y ese es mi servicio Pastoral que he desempeñado con amor y compromiso, los frutos no sé cuantificarlos y creo que lo importante es que he servido con honestidad y mi conciencia no me reclama mediocridad, aunque reconozco que no todo ha salido como se esperaba.

El nivel socioeconómico de la comunidad es mayormente bajo y muy bajo, aunque hay algunas familias (pocas) más que acomodadas. Es una comunidad con basta religiosidad popular arraigada y amor a Dios, pero con el contraste de la vida fácil de las drogas, prostitución y deshonestidad (robos, infidelidades, asesinatos, suicidios, etc.).

Antes de recibir la petición de estudio en Bioética, he asumido una preparación de cerca de dos años con entrevistas con un Psicólogo (Hno. Marista egresado del Instituto de Psicología de la Pontificia Universidad Gregoriana), para ver la posibilidad de estudiar en dicho Instituto, pero la respuesta ha sido negativa por no dominar el idioma Inglés. Y aunque quienes hacen la selección en esa Institución, me pidieron que vuelva el año entrante a hacer la solicitud; fui yo quién decidió no continuar con ello porque además de lo exigente de la preparación, no se me brinda el ambiente propicio para asumir con la seriedad que merece tal proyecto.

Ciertamente acepté llevar este proceso por la urgencia de esta disciplina en nuestro Presbiterio y por obediencia, pero no es algo que me apasione plenamente. Por ello quise ser honesto y declinar. Así fue como me pidieron continuar con el proyecto de la formación permanente en Bioética, para lo cual tomaron mi parecer.

Asumo esta encomienda con el compromiso que ello implica; lleno si de temores, pero con mucha esperanza en que podré ofrecer mi servicio ministerial con una herramienta que favorezca mi crecimiento y el de aquellos que se me encomienden. Sé que el proyecto al regreso incluye dar clases en el Seminario, así como conformar un equipo Diocesano de Bioética; cosa a lo cual pondré todo mi empeño con la gracia de Dios. 

Como Sacerdote siempre he buscado mantener mi identidad, no ha sido fácil por mi tendencia al perfeccionismo, pero me considero un consentido de mi Dios Providencia; pues he experimentado su presencia y guía en todo momento. Nada ha venido si no en el momento correcto. He aprendido a ver cada acontecimiento de mi vida como un constante acto providente de Dios, para favorecer mi crecimiento y donarme con generosidad a los demás. Espero no perder el amor, lo pido siempre.

Cuando recibí la invitación para continuar con mi formación permanente como hasta hoy tuve miedo, pues aunque en mi formación inicial siempre me fue bien, no me considero muy estudioso. Pero hay algo que desde los ejercicios espirituales pre ordenación sacerdotal me quedó grabado: “nunca por ambición y soberbia pidas nada, siempre por amor y obediencia acepta todo”. Y pues en esa experiencia de Dios Providencia acepté su misión. Las expectativas son aprovechar las herramientas a mi disposición y favorecer con actitud responsable y positiva el éxito en este ministerio ahora encomendado. A mi regreso espero poder colaborar con mi Obispo y mi Presbiterio en lo que sea necesario.

Esta es de manera breve mi Historia personal. Agradezco su atención y colaboración con la Iglesia en México para con la Formación Permanente del Clero.

Dios les bendice.

P. Diego Humberto Velázquez Macías

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